
El hombre del partido del sábado pasado fue, sin lugar a dudas, Dobónidas. Rápido, inteligente y afrutado, demostró un gran saber sobre el césped del Olímpico de Benimaclet. Basculó, se ofreció y se fajó. Marco un gol de bella factura desde el centro del campo, cubriéndose de gloria. Posteriormente se cubrió de ca-ca al intentar emularse a sí mismo con otra diana desde la misma distancia. "Realmente me dejé el gol. Ví a Miguel algo abúlico y tristón, y pensé que era todo un acto de caridad para con él", declaró a este medio Enrique García Manglano.
Menció aparte para la peonza González Ivars, no hubo rincón del campo por el que no rodara por el suelo.
Rosky se volvió a vestir de corto y brilló con luz propia en la pista de pádel.
